Las ciudades afrontan una presión creciente para garantizar un suministro eléctrico fiable, reducir las emisiones de carbono y proteger a los ciudadanos frente a la volatilidad de los mercados energéticos. En 2026, muchas autoridades urbanas de Europa, Norteamérica y partes de Asia están revisando sus estrategias a largo plazo debido a la electrificación del transporte, la expansión de las bombas de calor y el crecimiento de infraestructuras digitales. Los pequeños reactores modulares (SMR, por sus siglas en inglés) se han convertido en una de las opciones tecnológicas más debatidas para proporcionar energía de base baja en carbono cerca de los centros de consumo sin asumir la escala ni los riesgos constructivos asociados a las grandes centrales nucleares tradicionales.
Qué son los pequeños reactores modulares y en qué se diferencian de las centrales nucleares convencionales
Los pequeños reactores modulares son sistemas de fisión nuclear que normalmente producen hasta 300 megavatios eléctricos por unidad, aunque algunos diseños avanzados se sitúan entre 50 y 470 megavatios. A diferencia de los reactores convencionales de escala gigavatio, los SMR están concebidos para fabricarse en entornos industriales controlados y ensamblarse de forma modular en el emplazamiento final. Los principales componentes se producen en fábrica y se transportan posteriormente al lugar de instalación, lo que reduce la complejidad de las obras in situ y, en teoría, acorta los plazos de construcción.
Desde el punto de vista técnico, la mayoría de los proyectos SMR a corto y medio plazo se basan en tecnología de agua ligera, similar a la de la flota nuclear existente, pero en una configuración más compacta. Diseños como el VOYGR de NuScale en Estados Unidos, el Rolls-Royce SMR en el Reino Unido y el BWRX-300 de GE Hitachi en Canadá y Polonia apuestan por sistemas de seguridad simplificados, refrigeración por circulación natural y una reducción del número de componentes mecánicos activos.
Para los sistemas energéticos urbanos, el concepto modular resulta especialmente relevante. En lugar de construir una única unidad de gran tamaño, los municipios o empresas regionales podrían desplegar varios módulos de menor potencia de forma escalonada, ajustando la capacidad a la evolución de la demanda. Este enfoque progresivo pretende limitar la exposición financiera y ofrecer mayor flexibilidad en la ampliación de la generación baja en carbono.
Características de diseño relevantes para entornos urbanos densos
La seguridad es un aspecto central cuando se analiza la instalación de tecnología nuclear cerca de zonas densamente pobladas. Los diseños modernos de SMR priorizan sistemas de seguridad pasivos, que dependen de la gravedad, la convección natural y diferencias de presión en lugar de requerir suministro eléctrico externo o intervención inmediata de los operadores. En muchos conceptos, el recipiente del reactor y la contención se sitúan por debajo del nivel del suelo, añadiendo una barrera física adicional frente a amenazas externas.
Otra ventaja para el entorno urbano es su menor huella física. Una instalación SMR necesita significativamente menos terreno que una central nuclear convencional. Esto abre la posibilidad de ubicarla en emplazamientos industriales existentes, incluidos antiguos terrenos de centrales de carbón que ya disponen de conexión a la red, acceso a agua de refrigeración e infraestructuras logísticas.
Algunos diseños avanzados también permiten suministrar calor a alta temperatura para redes de calefacción urbana y vapor industrial. En ciudades europeas con sistemas consolidados de calefacción distrital, esta capacidad de cogeneración podría reducir la dependencia del gas natural y mejorar la eficiencia energética global al aprovechar tanto la electricidad como el calor producido.
Viabilidad económica y proyectos reales en 2026
En 2026, los SMR siguen en una fase temprana de comercialización. Varios proyectos han avanzado en procesos de licencia o en fases iniciales de construcción, pero el despliegue a gran escala todavía no se ha materializado. Canadá ocupa una posición destacada con el proyecto BWRX-300 en el emplazamiento de Darlington, impulsado por Ontario Power Generation, que aspira a convertirse en uno de los primeros SMR conectados a la red en un país del G7 durante la segunda mitad de la década.
En el Reino Unido, el programa Rolls-Royce SMR continúa su evaluación dentro del proceso de aprobación regulatoria nacional. El gobierno ha manifestado su apoyo a un enfoque basado en la construcción de una serie de unidades estandarizadas, con el objetivo de crear una cadena de suministro nacional y reducir costes mediante la repetición y la producción en serie.
No obstante, las evaluaciones económicas siguen siendo objeto de debate. Los promotores sostienen que la fabricación modular reducirá costes con el tiempo, mientras que diversos análisis independientes subrayan las incertidumbres asociadas a los primeros proyectos, los costes de ingeniería iniciales y los prolongados procedimientos regulatorios. Para las ciudades, el coste por megavatio hora debe competir no solo con el gas y la nuclear convencional, sino también con las renovables acompañadas de almacenamiento a gran escala.
Modelos de financiación y distribución de riesgos
Uno de los principales retos para su implantación urbana es la elevada inversión inicial. Incluso los reactores de menor tamaño requieren miles de millones en capital. Por ello, los gobiernos estudian mecanismos como el modelo de base de activos regulada, la participación estatal directa y contratos de compraventa de energía a largo plazo para reducir el riesgo percibido por los inversores.
Las autoridades municipales que participen en estos proyectos pueden hacerlo a través de empresas mixtas con compañías eléctricas nacionales o fondos de infraestructuras. Resulta esencial definir con claridad la asignación de riesgos de construcción, responsabilidad operativa y obligaciones de desmantelamiento para evitar cargas financieras imprevistas sobre los contribuyentes.
También debe considerarse la gestión a lo largo de todo el ciclo de vida. Los SMR suelen diseñarse para operar entre 40 y 60 años. Desde el inicio, la planificación urbana debe integrar estrategias de gestión de residuos radiactivos, almacenamiento intermedio y disposición final en instalaciones geológicas profundas, incorporando estos costes en los modelos financieros.

Integración en redes urbanas y consideraciones ambientales
Los sistemas eléctricos urbanos en 2026 son cada vez más descentralizados y digitalizados. La expansión de la energía solar en tejados, el almacenamiento en baterías y la movilidad eléctrica está modificando los perfiles de demanda. Un SMR conectado a la red de una ciudad puede aportar generación estable de base, contribuyendo a la estabilidad de frecuencia y compensando la variabilidad de la producción eólica y solar.
La integración en la red requiere una planificación detallada. Es necesario garantizar suficiente capacidad de transmisión para distribuir la electricidad desde el emplazamiento del reactor hasta los centros de consumo, así como reforzar los estándares de ciberseguridad en los sistemas de control digital. En áreas densamente pobladas, la consulta pública y la transparencia en materia de seguridad son tan relevantes como el rendimiento técnico.
Desde el punto de vista ambiental, las emisiones de gases de efecto invernadero a lo largo del ciclo de vida de la energía nuclear son comparables a las de la eólica y considerablemente inferiores a las de los combustibles fósiles. Aun así, persisten preocupaciones relacionadas con la gestión de residuos, los posibles escenarios de accidente y el uso de agua para refrigeración. Por ello, cualquier propuesta de instalación urbana se somete a rigurosas evaluaciones de impacto ambiental y revisión regulatoria.
Aceptación pública y marcos regulatorios
La aceptación social es determinante para que los SMR formen parte de las estrategias energéticas urbanas. La confianza se construye mediante supervisión independiente, planes de emergencia claros y acceso abierto a información sobre seguridad. Las lecciones de incidentes nucleares pasados siguen influyendo en la cultura regulatoria, especialmente en Europa.
En los países que avanzan con SMR, los reguladores están adaptando sus marcos normativos para contemplar la construcción modular y los componentes fabricados en fábrica. La posible armonización internacional de estándares podría reducir duplicidades y acortar plazos, aunque la seguridad nuclear sigue siendo competencia soberana de cada Estado.
En última instancia, la incorporación de pequeños reactores modulares en entornos urbanos no depende solo de la viabilidad técnica, sino también de la legitimidad democrática. Los ciudadanos exigen energía fiable, asequible y con bajas emisiones. La evolución de los primeros proyectos comerciales en los próximos años ofrecerá datos más concretos sobre su papel real en la transición energética urbana.