Baterías térmicas para la industria: almacenar calor en lugar de gas

Almacenamiento de calor

Los centros industriales suelen necesitar más calor que electricidad, y durante décadas el gas natural ha sido el combustible por defecto para vapor, circuitos de aceite térmico, secadores y hornos. En 2026, muchas empresas buscan alternativas que reduzcan la exposición al gas sin reconstruir plantas enteras. Las baterías térmicas se consideran una de las opciones más prácticas, porque almacenan energía en forma de calor y la entregan cuando el proceso la necesita.

1) Qué son las baterías térmicas y dónde sustituyen al gas

Una batería térmica es un sistema de almacenamiento de calor que se carga con electricidad, calor residual recuperado u otra fuente térmica, y luego descarga calor de vuelta a un proceso industrial. En la práctica, combina aislamiento, un medio de almacenamiento (sólido, líquido o de cambio de fase), intercambiadores de calor y controles que gestionan la carga y la descarga. A diferencia de las baterías eléctricas, la salida suele ser vapor, aire caliente o un fluido térmico caliente, no electricidad.

La idea de “almacenar calor en lugar de gas” se entiende mejor si miramos cómo se produce el calor industrial: calderas a gas para vapor, calentadores a gas para aceite térmico y quemadores de combustión directa para aire caliente y secado. Una batería térmica puede sustituir esa función durante parte del día o funcionar en paralelo, reduciendo la combustión de gas en las horas más caras. Esto encaja especialmente bien en procesos con demanda de calor predecible y con una red de vapor o un circuito de aceite térmico ya existentes.

En 2026, las baterías térmicas destacan en el rango medio de temperaturas: calor de proceso bajo y medio, muy común en alimentación y bebidas, papel, química, textil y numerosas líneas de fabricación. Para temperaturas muy altas (por ejemplo, ciertos hornos y procesos metalúrgicos), también pueden aportar valor, pero la integración suele ser más específica y se centra en precalentamiento, aire caliente o calefacción indirecta más que en sustituir cada quemador.

Rutas tecnológicas clave en 2026

Los sistemas de medio sólido almacenan calor en materiales duraderos como ladrillos refractarios, cerámicas o bloques de carbono. Pueden alcanzar temperaturas elevadas, soportan muchos ciclos y son mecánicamente simples. Lo habitual es cargarlos mediante calentamiento resistivo eléctrico, que convierte la electricidad en calor con alta eficiencia y lo almacena detrás de un aislamiento robusto hasta que la planta lo necesita.

Los módulos de almacenamiento basados en hormigón o materiales colados son otra vía, a menudo diseñados para conectarse de forma ordenada a vapor o a circuitos de aceite térmico. El enfoque es la practicidad industrial: módulos tipo contenedor, transporte sencillo e instalación predecible en planta. El rango de temperatura suele alinearse con generación de vapor y servicios de aceite térmico, más que con el extremo de hornos de muy alta temperatura.

Las sales fundidas y los materiales de cambio de fase también aparecen en almacenamiento térmico industrial, sobre todo cuando se valora una entrega de temperatura estable. Pueden ofrecer buena densidad energética y una descarga suave, pero requieren una selección cuidadosa de materiales, control de corrosión y disciplina operativa. En 2026, muchas plantas siguen prefiriendo medios sólidos cuando la simplicidad y el mantenimiento predecible son prioritarios.

2) Integración de ingeniería: cómo se conecta realmente una batería térmica en una fábrica

La integración empieza por el consumidor de calor, no por el equipo de almacenamiento. Los equipos técnicos mapean el perfil térmico del proceso: temperatura requerida, fluido de transferencia, rampas, ciclos diarios y semanales y el coste del tiempo de inactividad. A partir de ahí se decide si la batería térmica entrega calor de forma directa (por ejemplo, aire caliente) o indirecta mediante un generador de vapor o un calentador de aceite térmico conectado a la tubería existente.

En plantas con alta demanda de vapor, un enfoque común es cargar el almacenamiento con resistencias eléctricas y descargar a través de un generador de vapor hacia el colector de vapor existente. Esto reduce la carga de la caldera a gas sin cambiar de forma drástica la operación de la producción. En sistemas de aceite térmico, la batería térmica puede aportar calor al circuito mediante un intercambiador, permitiendo que el calentador a gas funcione menos o se reserve como respaldo.

El dimensionamiento se define por potencia y duración. La potencia determina si el almacenamiento puede cubrir el pico de demanda o solo recortar una parte. La duración marca cuánto tiempo puede operar la planta con calor almacenado cuando la electricidad es cara o está limitada. En 2026, muchos proyectos arrancan con un objetivo conservador: sustituir un porcentaje definido del consumo diario de gas y ampliar después cuando los datos operativos demuestran estabilidad.

Controles, seguridad y operación que importan en plantas reales

Los sistemas de calor industrial dependen del control. Una batería térmica necesita una lógica clara para ventanas de carga, prioridades de descarga y modos de seguridad cuando algún parámetro se sale de rango. Los mejores diseños incluyen bypass automático para que el proceso siga funcionando con fuentes de calor existentes si el almacenamiento no está disponible, además de alarmas comprensibles para el personal de operación.

La seguridad se centra en temperatura, integridad del aislamiento y equipos a presión cuando hay vapor. El medio de almacenamiento puede ser inerte, pero el sistema incluye superficies muy calientes, fluidos a alta temperatura y, a veces, circuitos de vapor presurizado. En 2026, los despliegues exitosos tratan las baterías térmicas como cualquier activo industrial de alta temperatura: resguardos, procedimientos de bloqueo y etiquetado, compensación de dilatación y puntos de inspección rutinaria.

La planificación de mantenimiento debe ser explícita antes de comprar. La planta necesita saber qué componentes son de desgaste (resistencias, válvulas, bombas, sensores), qué repuestos conviene tener y cuáles son los intervalos de servicio. Los proyectos más sólidos son los que involucran al equipo de mantenimiento desde el inicio y demuestran que el nuevo sistema no añadirá carga impredecible ni piezas raras difíciles de conseguir.

Almacenamiento de calor

3) Economía en 2026: cuándo tiene sentido “calor almacenado en lugar de gas”

La economía se apoya en tres cifras: el coste total del calor a partir de gas (combustible, costes de carbono cuando aplican, eficiencia de la caldera y mantenimiento), el coste total de la electricidad durante las horas de carga y la fracción de demanda térmica que puede desplazarse de forma fiable. Las baterías térmicas funcionan mejor cuando hay una diferencia marcada entre horas de electricidad barata y cara, y cuando el proceso acepta un perfil de suministro de calor predecible.

El almacenamiento calor-a-calor puede ser muy eficiente porque evita convertir el calor de vuelta a electricidad. Esto es clave en la industria, donde el objetivo suele ser vapor, aire caliente o un fluido térmico. En 2026, muchas plantas evalúan las baterías térmicas como una “caldera virtual” que opera con electricidad flexible y reduce la exposición a la volatilidad del gas, manteniendo equipos a gas existentes para resiliencia y respaldo en picos.

También influyen factores no financieros: reducir la combustión in situ puede simplificar reportes de emisiones, aliviar restricciones locales de calidad del aire y apoyar requisitos de clientes para producción con menor huella de carbono. Aun así, el límite práctico suele ser la capacidad eléctrica disponible. Los proyectos se atascan si la conexión a red es insuficiente o si ampliarla tarda demasiado. Los casos más realistas en 2026 incluyen un plan claro de potencia contratada, tarifas y programación operativa.

Lista de verificación de compras: cómo evaluar ofertas sin hype

Pida evidencias de rendimiento que encajen con su caso: temperatura en el punto de entrega, potencia de descarga, pérdidas térmicas esperadas durante la duración requerida y cómo cambian las prestaciones con el ciclado. Exija una descripción clara de la interfaz (vapor, aceite térmico, aire caliente) y del alcance: qué incluye el proveedor y qué asume que aporta la planta.

Aclare limitaciones desde el principio: potencia máxima de carga, descarga mínima estable, procedimientos de arranque y parada y el comportamiento ante cortes de red. Un proveedor serio también documenta la filosofía de control, incluidos modos seguros y cómo se integra con el control de calderas existente, los enclavamientos de seguridad y la monitorización de la planta.

Por último, trate el servicio y las garantías como parte del producto. Confirme condiciones de garantía para resistencias y aislamiento, intervalos de mantenimiento, disponibilidad de soporte remoto y plazos de repuestos. En 2026, los mejores proyectos de almacenamiento térmico industrial se compran como equipo industrial: alcance claro, responsabilidades claras y un plan de puesta en marcha que involucre a operaciones desde el primer día.